domingo, 28 de diciembre de 2008

Santiago de Cuba.... Arquitectura y mucho más



Se dice que por la condición de tierra que tiembla —por ser una ciudad sísmica—, en tiempos de la Colonia los santiagueros empezaron a construir sus casonas de una manera especial. Tan especial que, según Omar López, cuando se levantaba la última catedral del siglo XIX —se terminó en 1819—, un asombrado viajero francés escribió en un libro: «En Santiago de Cuba se construye distinto al mundo entero, porque primero se hacen los techos y después las paredes, después de ver que la cubierta estaba sobre columnas de madera». «Existía la tradición constructiva —explica López— de crear primero un esqueleto de madera que fuera capaz de soportar los embates de un sismo, pues era el único material entonces que permitía que la tierra se moviera y el edificio junto con ella».

Asegura el Conservador de la Ciudad que el viajero se hubiese admirado más de haber sabido que muchas paredes se construían de cujes, es decir, de ramas entretejidas. Ese es el caso del Museo Casa Natal Antonio Maceo Grajales, definido como tal en 1974, ubicado en la antigua calle Providencia. Cuatro años después, esta propiedad con tejas a dos aguas y pisos de ladrillo criollo, sería declarada Monumento Nacional. La hace muy singular el hecho histórico de que allí naciera el Mayor General Antonio de la Caridad Maceo Grajales el 14 de junio de 1845.

Este museo se distingue por atesorar bienes patrimoniales entre los que se destacan objetos vinculados con la vida militar de esa figura cimera de las guerras independentistas cubanas, desde su incorporación a ellas en octubre de 1868 hasta su caída en combate el 7 de diciembre de 1896.

Otra institución emblemática, declarada Monumento Nacional en 1999 por las importantes colecciones que atesora y por su interés arquitectónico, es el Museo Provincial Emilio Bacardí Moreau. Deslumbra su bella fachada ecléctica adornada con elementos neoclásicos, obra del arquitecto Carlos Segrera.

Fundado por Bacardí, pionero del coleccionismo en Cuba, el 12 de febrero de 1899, el Museo ocupó diversos inmuebles hasta que el 28 de agosto de 1927 se inaugura el actual edificio, donde se conservan más de 23 000 piezas entre documentos y manuscritos, partituras musicales, reliquias históricas, colecciones numismáticas, antigüedades y pertenencias de reconocidas personalidades. Cuenta con tres salas expositivas: Historia, Arqueología y Arte, donde se pueden apreciar valiosas pinturas europeas de los siglos XVI y XIX y cubanas firmadas por renombrados artistas del patio, como Amelia Peláez, Carlos Enríquez, Leopoldo Romañach, Servando Cabrera, Víctor Manuel García y René Portocarrero.

En él llaman la atención la interesante escultura de madera dedicada a Santiago Apóstol ataviado de mambí con su vestuario y sombrero de Panamá; la silla de montar de cuero usada por el Mayor General Antonio Maceo Grajales durante la Campaña Invasora de 1895 hasta su muerte; el nicho de plomo y madera que guardó los restos de Carlos Manuel de Céspedes, luego de ser extraídos de una fosa común en el Cementerio Santa Ifigenia; el frac y chaleco de nuestro Héroe Nacional José Martí, que vistió cuando pronunció los discursos en Tampa (Cayo Hueso) durante el proceso constitutivo del Partido Revolucionario Cubano; o el fusil Winchester que llevó desde su desembarco por Playitas de Cajobabo hasta su caída en combate el 19 de mayo de 1895...




Santiago de Cuba....Heroica y hermosa siempre


En el verano de 1515, Diego Velázquez ya sabía que la superficie donde hoy se encuentra enclavada Santiago de Cuba, era tierra privilegiada, y se apresuró a establecer allí, junto a Hernán Cortés, la séptima villa, después de informarle al rey de España que creía, incluso, que tenía condiciones para convertirla en Villa Principal, al estar muy próxima de La Española —hoy República Dominicana y Haití—, y poseer una envidiable bahía que podría albergar y proteger sus naves, sufridas víctimas de frecuentes ataques de corsarios y piratas.

Le pondré por nombre Santiago, dijo, en honor a Santiago el Mayor (más conocido como Santiago Apóstol), patrón de España. De ese modo se convertía esta en la segunda ciudad de América que tomaría tal denominación, antes que otras 45, y después de Santiago de los Caballeros. Sin embargo, no pudo entrever que los hombres y mujeres nacidos en este territorio del sudeste de Cuba serían decisivos en la encarnizada lucha contra la «Madre Patria» en pos de la independencia; los mismos que, negados a cargar el yugo, no se permitirían un respiro hasta alcanzar la estrella, que brilló definitivamente a partir de aquel 1ro. de enero de 1959, cuando, desde el Ayuntamiento, Fidel hablara por primera vez al pueblo y confirmara la inquebrantable victoria sobre el régimen del tirano Fulgencio Batista.

Ciudad de escalinatas, donde siempre se sube o se baja, y semirregular por el trazado de sus callejones, callejuelas, calles... a los que nunca se les ve el final, Santiago de Cuba tiene el encanto de invitar a los caminantes a llegar hasta las esquinas para sorprenderse con su variada y atractiva arquitectura. Pero también están llenas de historia esas calles pobladas de casas coloniales de corredor, con un pequeño techo cual visera de una gorra, para protegerse del inclemente sol. A ellas se lanzaron los integrantes del Movimiento 26 de Julio con sus brazaletes rojos y negros para apoyar el desembarco de Fidel y otros 81 expedicionarios el 30 de noviembre de 1956, acción en la que murieron Pepito Tey, Otto Parellada y Tony Alomá. Esas mismas calles recibieron a un pueblo que obligó a las fuerzas de la tiranía a refugiarse en sus cuarteles el día que Frank País cayó asesinado en el Callejón del Muro.

La calle Heredia (otrora Catedral) fue la primera de la ciudad en recibir el nombre de un patriota, el 28 de octubre de 1889, cuando todavía estábamos bajo el dominio español. Después sucedería igual con muchas otras que en lo adelante se identificarían como Maceo, Jesús Menéndez, Quintín Banderas...

Justamente en la calle Heredia se encuentra uno de los sitios más emblemáticos de Santiago de Cuba, a decir de Omar López, reconocido arquitecto y Conservador de la Ciudad: la casa del autor de Oda al Niágara y el Himno del desterrado. «Como la morada de Antonio Maceo, aunque estas edificaciones no se distingan por su valores arquitectónicos, sobresalen por su valor histórico. Tanto (José María) Heredia como el Titán de Bronce son santiagueros por antonomasia, por la grandeza de su obra, por lo que representan para cada cubano».

Para perpetuar la memoria del notable poeta el 19 de abril de 1890 se colocó en la propiedad donde viera la luz uno de los precursores del romanticismo en nuestra lengua, una tarja cuya inscripción rezaba «Aquí nació y vivió José María Heredia. 1803-1830»; sitio que con la Revolución se transformó en museo y centro cultural.

Santiago de Cuba.... Atrás en la historia


Refiere Omar López que tras la conquista de México y otros territorios del virreinato de Nueva España, La Habana se establece como la capital de la Isla, pues a partir de entonces el movimiento de la flota se hacía por el norte. Sin embargo, Santiago de Cuba continuaba siendo un punto estratégico para la Corona, por su posición frente al Caribe. Sobre todo después que los ingleses tomaron Jamaica, y el peligro que representaba que estos se apoderaran igualmente de Santiago con grandes probabilidades de poder llegar hasta La Habana.
Esa es la razón por la cual, en 1638, aparece en Santiago de Cuba Juan Bautista Antonelli. Este famoso ingeniero militar italiano debía determinar el punto ideal para levantar una fortaleza que ayudase a contener ataques de corsarios y piratas franceses, ingleses y holandeses, que merodeaban por el área del Caribe; y se decidió por la entrada de la bahía de bolsa junto a la ciudad, donde se edificó el Castillo del Morro, conocido hoy Castillo del Morro San Pedro de la Roca, en honor al gobernador responsable de levantar la obra.

Lugar de visita obligada, esta fortificación en forma de cuadrilátero con baluartes protegidos por piezas de artillería, fue testigo del acoso del inglés Christopher Myngs, quien tomó la ciudad, y de la batalla naval entre las escuadras española y norteamericana el 3 de julio de 1898. Asimismo, tuvo la triste misión de fungir como cárcel durante las gestas independentistas del siglo XIX.

Declarado Monumento Nacional en 1979, un año después de haberse inaugurado como museo, y Patrimonio de la Humanidad inscripto por la UNESCO, con la Sierra Maestra de fondo, el Castillo del Morro es, a decir de López, un ejemplo único de la arquitectura renacentista en el Caribe. «Es un sitio excepcional por el modo tan armonioso como se conjugan códigos medievales y renacentistas en las diferentes terrazas a desnivel, las cuales dan la sensación de estar viendo una punta de lanza que señala al mar.

«Al cuerpo principal del castillo se accede por dos puentes levadizos que se encuentran por encima del amplio foso seco. Dentro, los diferentes recintos están delimitados por gruesos muros de mampostería cubiertos con bóvedas sucesivas».

Por sugerencia del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, a partir de enero de 2001, en esta hermosa fortaleza se lleva a cabo una ceremonia para rendir tributo a nuestros mambises y a nuestra bandera, que desde entonces se recoge cada tarde, justo cuando el sol se esconde en el mar Caribe. Se trata de un saludo de artillería inspirado en los disparos que se hacían desde la batería de Punta Blanca para dar la bienvenida a los buques que arribaban al puerto.

Ya fortificada, la ciudad empezó a consolidarse. Y el punto fundacional lo constituyó la Plaza de Armas, donde actualmente se halla el Parque Carlos Manuel de Céspedes, y que también fue conocida desde su fundación en el siglo XVI como Plaza Mayor, Plaza Principal, Plaza de la Constitución, Plaza de la Reina y Plaza de Isabel II.

La Plaza de Armas resultó el centro político, religioso, administrativo y social más importante de Santiago de Cuba; el lugar donde se discutía lo que sucedía en el mundo, el corazón de la urbe. En su perímetro quedaron ubicados por decreto de las Leyes de Indias, los edificios representativos del poder y que hoy constituyen joyas arquitectónicas: el Ayuntamiento, la Catedral y la que fuera casa de Don Diego Velázquez, donde radica el Museo de Ambiente Histórico Colonial.


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