
Se dice que por la condición de tierra que tiembla —por ser una ciudad sísmica—, en tiempos de la Colonia los santiagueros empezaron a construir sus casonas de una manera especial. Tan especial que, según Omar López, cuando se levantaba la última catedral del siglo XIX —se terminó en 1819—, un asombrado viajero francés escribió en un libro: «En Santiago de Cuba se construye distinto al mundo entero, porque primero se hacen los techos y después las paredes, después de ver que la cubierta estaba sobre columnas de madera». «Existía la tradición constructiva —explica López— de crear primero un esqueleto de madera que fuera capaz de soportar los embates de un sismo, pues era el único material entonces que permitía que la tierra se moviera y el edificio junto con ella».
Asegura el Conservador de la Ciudad que el viajero se hubiese admirado más de haber sabido que muchas paredes se construían de cujes, es decir, de ramas entretejidas. Ese es el caso del Museo Casa Natal Antonio Maceo Grajales, definido como tal en 1974, ubicado en la antigua calle Providencia. Cuatro años después, esta propiedad con tejas a dos aguas y pisos de ladrillo criollo, sería declarada Monumento Nacional. La hace muy singular el hecho histórico de que allí naciera el Mayor General Antonio de la Caridad Maceo Grajales el 14 de junio de 1845.
Este museo se distingue por atesorar bienes patrimoniales entre los que se destacan objetos vinculados con la vida militar de esa figura cimera de las guerras independentistas cubanas, desde su incorporación a ellas en octubre de 1868 hasta su caída en combate el 7 de diciembre de 1896.
Otra institución emblemática, declarada Monumento Nacional en 1999 por las importantes colecciones que atesora y por su interés arquitectónico, es el Museo Provincial Emilio Bacardí Moreau. Deslumbra su bella fachada ecléctica adornada con elementos neoclásicos, obra del arquitecto Carlos Segrera.
Fundado por Bacardí, pionero del coleccionismo en Cuba, el 12 de febrero de 1899, el Museo ocupó diversos inmuebles hasta que el 28 de agosto de 1927 se inaugura el actual edificio, donde se conservan más de 23 000 piezas entre documentos y manuscritos, partituras musicales, reliquias históricas, colecciones numismáticas, antigüedades y pertenencias de reconocidas personalidades. Cuenta con tres salas expositivas: Historia, Arqueología y Arte, donde se pueden apreciar valiosas pinturas europeas de los siglos XVI y XIX y cubanas firmadas por renombrados artistas del patio, como Amelia Peláez, Carlos Enríquez, Leopoldo Romañach, Servando Cabrera, Víctor Manuel García y René Portocarrero.

En él llaman la atención la interesante escultura de madera dedicada a Santiago Apóstol ataviado de mambí con su vestuario y sombrero de Panamá; la silla de montar de cuero usada por el Mayor General Antonio Maceo Grajales durante la Campaña Invasora de 1895 hasta su muerte; el nicho de plomo y madera que guardó los restos de Carlos Manuel de Céspedes, luego de ser extraídos de una fosa común en el Cementerio Santa Ifigenia; el frac y chaleco de nuestro Héroe Nacional José Martí, que vistió cuando pronunció los discursos en Tampa (Cayo Hueso) durante el proceso constitutivo del Partido Revolucionario Cubano; o el fusil Winchester que llevó desde su desembarco por Playitas de Cajobabo hasta su caída en combate el 19 de mayo de 1895...


